Llevar un show de gira siempre significa un enorme reto. Cada escenario contiene su propio nivel de complejidad y cada función abre un espacio de aprendizaje. Eso fue lo que vivió Don de Gente con Legado Sinfónico Gira 2025: circular y poner en escena esta propuesta fue la posibilidad de diseñar una experiencia más sólida y consistente, que se transformó en cada ciudad.

Un concierto es un acontecimiento vivo que articula múltiples lenguajes: cuerpo, voz, música, visualidad y espacio, materializados en el momento mismo de la función. Es también una convocatoria donde artistas, cuerpo técnico y espectadores confluyen en un escenario y hacen que cada presentación sea un hecho irrepetible. Sin embargo, una obra como propuesta artística necesita del escenario y del público para crecer y alcanzar nuevas dimensiones. Eso fue justamente lo que ocurrió en esta gira.

Legado Sinfónico Gira 2025, proyecto beneficiario de los fondos de circulación del IFCI 2024, se presentó en tres escenarios emblemáticos: el Teatro León (Riobamba), el Malecón Simón Bolívar junto a la Rotonda (Guayaquil) y el Teatro Carlos Cueva Tamariz (Cuenca). Además, recorrió previamente el Teatro Lalama (Ambato) y el Teatro Variedades (Quito), con llenos completos.

Las cinco funciones agotaron localidades y reunieron a más de 4.500 personas, consolidando a la banda en un circuito que cruzó públicos diversos y expandió su red de colaboración. El espectáculo integró 25 músicos de orquesta, la energía de un grupo de danza y música folclórica y un despliegue técnico de primer nivel: sonido, luces, visuales, montaje escénico y show de láser. El repertorio, compuesto por arreglos sinfónicos, sonidos urbanos y elementos del folklore, construyó un puente artístico que enlazó generaciones, territorios e identidades.

El show también reunió a destacadas figuras de la escena nacional como: Guanaco MC, Roger Icaza, Skyni Buay (Sudamery Janes), Ricardo Pita, Le Teléfono, Grecia Albán, Lanza One, Wayra Pamushkas, DJ Tema, Carlos Pabón, Martín Cruz y Daniel Vélez.

Esta fue una apuesta interesante y, sobre todo, desafiante, que consiguió generar espacios donde se cruzaron sentimientos, emociones, mensajes, ritmos, luces, el uso de la tecnología y la participación de personas de distintos rincones del país, incluso de quienes están fuera del Ecuador. Es decir, no fue solamente un reto en cuanto a música y combinación de estilos, sino también el de unir al país en una misma sintonía.

Más allá de lo artístico, la gira significó también un ejercicio de producción y logística: trasladar aproximadamente 50 personas entre músicos, equipo y escenografía por todo el país; coordinar ensayos en distintas ciudades; y activar recursos técnicos que solo se afinan en las horas previas al show. Cada presentación permitió depurar la obra, sumar aprendizajes estéticos y técnicos, y llevar la experiencia a un nuevo nivel.

Este proceso no habría sido posible sin el esfuerzo de un equipo humano multidisciplinario: artistas invitados, sonidistas, técnicos de luces y video, asistentes de producción y un staff comprometido con el desafío de levantar un espectáculo de gran formato en distintos escenarios del país.

La gira dejó claro que Legado Sinfónico no es solo un concierto, sino una plataforma de encuentro cultural. Una obra que, a la vez que celebra la música, pone en valor la memoria colectiva y genera nuevas formas de colaboración entre lo urbano, lo clásico y lo popular.

De cara al futuro, se proyecta hacia nuevos retos: ampliar su recorrido a otras ciudades, explorar circuitos internacionales, publicar un álbum en vivo, y fortalecer las alianzas con festivales y teatros. Todo ello con la convicción de que el arte se vuelve más fuerte cuando circula, cuando encuentra nuevos públicos y cuando deja huellas que trascienden el escenario.

Por: María José Terán